Obsolescencia Programada

Posted on 18 septiembre 2014 por



“Comprar, tirar, comprar”

El documental, realizado por Cosima Dannoritzer, es una producción que investiga la obsolescencia económica y plantea alternativas a la dificultad de seguir adelante con el consumo ilimitado de recursos en un planeta en el que éstos son finitos

El documental hace referencia a un fenómeno por el cual las empresas producen artículos de consumo con una fecha de deterioro programada, para que el ciudadano esté siempre consumiendo y para que, al mismo tiempo, esa empresa pueda seguir dando trabajo a sus empleados. La película explica que sin esta práctica denominada obsolescencia programada el sistema capitalista no podría sostenerse. El consumismo o la producción en masa son dos consecuencias directas de este fenómeno.

Así, y pese a los avances tecnológicos, el sistema prefiere productos de consumo que duran cada vez menos: baterías que se mueren tras 12 meses, impresoras que se bloquean al llegar a un número determinado de impresiones, bombillas que se apagan a las mil horas. De esta manera, el ciudadano vuelve a consumir y las empresas siguen fabricando.

Hace mucho tiempo, los productos de consumo masivo se fabricaban para durar. Edison puso a la venta su primera bombilla en 1881, ésta duraba 1500 horas. En 1911 un anuncio en prensa española destacaba las bondades de una marca de bombillas con una duración certificada de 2500 horas. En 1924 un cártel (Phoebus) que agrupaba a los principales fabricantes de Europa y Estados Unidos pactó limitar la vida útil de las bombillas eléctricas a 1000 horas. Este cártel oficialmente nunca existió pero en “Comprar, tirar, comprar” se nos muestra el documento que supone el punto de partida de la obsolescencia programada, que se aplica hoy a productos electrónicos de última generación como impresoras o iPods y que se aplicó también en la industria textil. Y así nació lo que se llama la obsolescencia programada, la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo. Desde entonces, los fabricantes han diseñado sus productos para fallar. Como sociedad, este concepto de obsolescencia programada es muy común y la podemos encontrar en casi todo aquél producto que hayamos consumido.

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