Reality Shows o Lo que me dijeron mis padres sobre la televisión

Posted on 31 enero 2014 por



Diego Iván Hernández García

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De acuerdo con Baudrillard, nuestra sociedad se ha basado tanto en construcciones, modelos y mapas que  hemos perdido todo contacto con el mundo real que precedía a la construcción. [i]

No es una cuestión de imitación, duplicación o siquiera de parodia es una cuestión de sustituir los signos de lo real por lo real[ii]

La sociedad no es artificial, porque para considerar algo artificial es necesario tener cierto sentido de realidad para distinguirla del artificio. Se ha perdido la capacidad de distinguir entre naturaleza y construcción.

Se vive en una era donde la representación precede y determina lo real. No hay distinción entre representación y realidad, sólo el simulacro.

Marx lo anunció desde hace mucho tiempo atrás, todo se convierte en mercancía. En esta sociedad no hay nada que no pueda ser vendido y si los medios no sólo se dedican a la transmisión de información sino que también promueven construcciones era cuestión de tiempo para que la televisión te vendiera la “realidad”.

El reality television supuesto género televisivo que vio luz por primera vez en, una cada vez más lejana, década noventera; documenta situaciones “no escritas” o “planeadas” con un elenco no conocido.

Cuando era un niño mis padres me advertían de la veracidad de la televisión. -Todo lo que ves en la tele no es real- señalaban. Para mi mente infantil ese razonamiento generaba mucho conflicto en mi cabeza. –Ok en la tele hay personas, pero no son reales porque están actuando en un programa- Sonaba lógico.

-¡Mamá, papá! ¿El de las noticias es real?

-Él existe y es real, las noticias son reales.

-¿Pero que no lo que estaba en la tele no era real?

-Algunas cosas sí, otras no.

Maldita sea. Diferenciar entre lo existente y lo que no, me producía mucha confusión, entonces por cuestión de eficiencia decidí que todo lo que habitaba del lado de la pantalla no era real y todo lo que estaba de mi lado estaba dotado de una realidad aplastante.

Nunca fallaba.

En algún momento durante mi cuarto año de primaria salieron promocionales de un nuevo programa de televisión, un concepto nuevo y real. Un espacio en la pantalla chica para ver personas “normales” haciendo actividades “normales”. Big Brother fue llamado.

Mi mente no podía con ese enunciado. –Veamos yo decidí que todo lo que estaba de ese lado es falso, lo real está conmigo; pero si lo real se pasa de ese lado. ¿Qué se queda conmigo?- Pensaba un aturdido niño.

En mi salón de clases había muchas personas impactadas por el próximo estreno, corrían rumores sobre la lista de actividades, que si tenías Sky podías verlos todo el día, todos los días, que si el primo de no sé quién conocía a no sé quién y esa persona iba a participar. La tensión que se sentía en el patio era comparable con la que se sentía después de un examen, nadie sabía el resultado pero todos estaban alertas y ansiosos de saberlo. Tenía que ver eso.

El primer episodio fue una presentación, no conocía a nadie, pero los de la tele se encargaron de hacerme sentir cercano a ellos. Iban a vivir en una casa llena de micrófonos y cámaras, con las cuales podías monitorear todo el lugar.

Aunque todo parecía real, había algo que se sentía extraño. Pues si me lo ponía a pensar nadie de las personas que yo conocía vivían en una casa con cámaras, llena de desconocidos, del cual se haría un programa cuya finalidad era ganar un millón de pesos.

Eso claramente era una construcción, no me pareció auténtico.

Lo importante de Big Brother, al menos desde mi punto de vista, no fue mostrar un nuevo contenido, los programas de concursos fueron creados desde hace mucho tiempo, sino que mostraron que la gente es capaz de ver cualquier tipo de contenido sin cuestionar mucho. Un programa de televisión puede ser un trabajo realmente laborioso, crear una historia, escribir guiones, interpretarlos, grabarlos y editarlos. Todo con el objetivo de narrar algo y desarrollar un mundo.

Los reality shows me parecen una manera sencilla de generar un producto, no tienes que pensar mucho, simplemente debes seguir a alguien con una cámara, después te encargarás de hacerlo interesante. Tiene una producción rápida, a la demanda de una sociedad de alto consumo. Y fomenta todos los “valores” de una sociedad postmoderna; hedonismo, relativismo, consumismo y glorificación de los cuerpos.

Existen diversos estudios sobre el impacto que tiene la televisión en las personas y en específico sobre los reality shows. Algunos hablan sobre lo maleable que son los espectadores, otros aseguran que el contenido es lo que la sociedad quiere ver. Lo cierto es que desde hace más de veinte años los programas de “realidad” nos han acompañado y parecen no detenerse. Los medios promueven ese tipo de contenido y lo hacen pasar como algo completamente real.

Habrá quienes lo detesten, habrá quienes quieran imitarlo y entenderlo como su realidad, a mí me parece un producto de la televisión y para esas producciones tengo un criterio que he seguido desde niño.

Y nunca ha fallado.


[i] Baudrillard, J. (1994). Simulacra and Simulation. Michigan: Ann Arbor.

[ii] Baudrillard, J. (2002). Cultura y simulacro. (6ª ed.) Barcelona: Kairos. N72 S6 B3818

Baudrillard, J. (1981). For a Critique of the Political Economy of the Sign. Trans. Charles Levin. New York : Telos.

Karl Marx. (Mayo 6, 2006). Historia Cultural. En Estudios de Historia Cultural Difusipon y Pensamiento. Revisada Enero 25, 2014, from http://www.historiacultural.net/hist_rev_marx.htm.

Lipovetzky, G. (1986) La era del vacío. Barcelona: Anagrama.

Lyotard, Jean F. (1989). La condición postmoderna. Buenos Aires: Teorema.