El arte de la transformación

Posted on 20 septiembre 2013 por



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Por: Andrea Deydén

“Internet salvó al arte”, comentó Eduardo Salles, creador de Cinismo Ilustrado, en una conferencia para Campus Party. Una aseveración como ésa pudo haber sido descartada en cualquier otro momento de la historia, pero en el siglo XXI pocas personas se referirían a ella como una locura. Tal vez sólo la considerarían aventurada.

El arte ha sufrido más transformaciones en los últimos 20 años que en toda su historia debido a la plataforma digital. Quienes realizan producciones musicales, gráficas y literarias ya no buscan únicamente gustar a las clases altas—quienes tradicionalmente se involucraban con el arte— ni conseguir prestigio entre un grupo reducido de críticos. La aspiración general es obtener viralidad y darse a conocer a un público más variado tanto en lo geográfico como en lo sociocultural. Los artistas del siglo XXI buscan permear en la cultura popular aunque sea por corto tiempo. Así es la nueva idea del éxito, que ha salido de las salas de conciertos y se mueve al ritmo del Gangnam Style.

Para los creadores nuevos, Internet se ha vuelto un campo para desarrollar sus ideas de forma libre y transmitir sus ideas a un gran un gran número de personas. Si antes era necesario contar con algún mecenas o ser un virtuoso de las artes para tener acceso a un espacio en los museos; basta con crear una cuenta en DeviantArt o cualquier otra comunidad dedicada al arte. Ahí, un autor no sólo puede publicar sino también participar, retroalimentar y discutir las obras de los demás miembros que poseen intereses similares.

Google, promotor cultural

Hoy en día, basta teclear unas cuantas palabras en el buscador para conocer qué hizo Leonardo Da Vinci, cuál era el estilo de Rafael, dónde se encuentra la estatua más famosa de Miguel Ángel y en qué periodo vivió Donatello. O, en todo caso, entender por qué las Tortugas Ninja se llaman así.

Las barreras del conocimiento o la falta de bagaje para comprender el trabajo de tal o cual artista se han extinguido poco a poco. En un campo tan grande e incluyente como Internet se lleva a cabo una interacción entre los diferentes actores del arte y se favorece la interacción. Ir a Wikipedia ofrece piezas de información suficientes para que cualquiera ahonde en un tema de su interés y sea capaz de incorporar elementos a su conocimiento previo. De esta manera, lo que antes se reservaba para las clases de élite ahora se reconfigura y entra en una dinámica donde los límites se desvanecen y más personas pueden participar.Una obra en Internet pierde sus límites constantemente. El espectador es capaz de establecer diálogos con el creador por medio de redes sociales, blogs o páginas especializadas en arte. Los papeles se difuminan entre ellos y se favorece la interacción entre todas las partes porque los roles pueden intercambiarse en cualquier momento: Aquél que ve puede hacer; quien hace también puede ver. Ya no existen los artistas sin oídos ni el público sin voz.

La muerte de lo sacro

Internet dio un giro a la forma de hacer arte debido a sus cambios de paradigmas, tal y como explicó Pierre Levy en su libro Ciberculturas (1997). Al cambiar los roles de comunicación y establecer un modelo uno-uno, se desarrolló un mayor nivel de involucramiento. La sacralización a la cual estaban acostumbrados los artistas antaño se vio desplazada por una sensación de cercanía y tangibilidad como nunca antes. Basta una página en Facebook o seguir al personaje en Twitter para estar al tanto de su vida, pensamientos e intercambiar, de cuando en cuando, algunas palabras con él.

Los creadores de arte en Internet entran en una dinámica con el consumidor de su trabajo donde los límites entre obra-persona se desvanecen, los límites de la producción se mueven y conforman una identidad para sus creadores, quienes dejan expuesta parte de su humanidad. Todo forma parte de un proceso artístico casi simbiótico, sólo comprensible desde los paradigmas dialógicos de la web.

Las producciones de Internet, más que emular a otros medios, poseen un lenguaje propio, mencionó Jon Ippolito en Ten Myths of Internet Art. Para que las condiciones en las que se encuentra el arte digital actual fueran posibles, se desarrollaron obras a partir de experiencias multidisciplinarias y la participación de todos los actores, tanto receptores como emisores, se volvió necesaria. Con ello, la sensación de comunidad se refuerza y es posible viralizar algunos mensajes.

El arte digital comprende un nuevo nicho para producir obras y difundir trabajos, inexistente hasta fines del siglo XX. El cambio de sus paradigmas y modelo comunicativo difuminan la alta cultura y permite a las nuevas absorberse en lo masivo. Sin embargo, no altera las formas de producción artísticas ya existentes ni tampoco niega sus aportes, sino que se adapta a la virtualidad y a la interactividad. Es parte de una transformación sumamente veloz que no hace sino abonar a la amplia historia del arte.

 

Referencias

Ciberculturas

Ten Myths of Internet Art

¿Alta cultura o cultura de masas?