Internet: la llave de tuercas del cambio social.

Posted on 19 septiembre 2013 por



 por Gerardo Garnica

Hasta el verano de 2012, más de 2 billones de personas estaban usando Internet en todo el mundo. 

El significado de la cifra, que es resultado de un aumento en la penetración de esta red de comunicaciones, adelanta la definición de una cultura compartida a nivel mundial capaz de trascender las convenciones populares de un mundo globalizado y de proponer un elemento que vincula a más del 30 por ciento de la población mundial: el poder de la conectividad.

Entre la miríada de usuarios que circulan a diario por Internet se comparte información de toda clase en actividades que son posibles gracias a la ilusión de libertad que se ejerce como un derecho irrevocable en la red, pero detrás de ese poder radica un potencial de transformación mucho mayor que poco a poco comienza a aprovecharse.

Los movimientos sociales de los últimos años se han apoderado de las funciones de Internet para organizarse, generar y compartir información sobre sus intereses de cambio, y mediante la difusión ser observados por el mundo entero. Sin embargo, incluso en los casos más prometedores, el uso de Internet sigue siendo un elemento más en el arsenal de recursos que necesitan los sectores de la sociedad interesados en propugnar una propuesta para provocar un cambio sólido.

La vías existentes para promover una agenda política y social siguen existiendo en su mayoría fuera de la red, por lo que Internet no funciona para transformar las instituciones por sí solo, sino que depende de la actividad organizada a través de las comunidades digitales, para llevar la acción a concreción.


Manuel Castells recupera esta noción en su conferencia titulada “Internet y la sociedad red”  al discutir el potencial de la relación entre Internet y la actividad política organizada en la que participan ciudadanos, partidos e instituciones de gobierno. 

La omisión principal que destaca Castells en el uso de Internet como herramienta de transformación es que la ignorancia o la falta de interés por incorporar la interactividad de la vida política a la dinámica digital, ha propiciado que Internet sirva únicamente como un boletín de las actividades burocráticas y partidistas, desperdiciando las oportunidades de mutua nutrición informativa entre representantes y representados.

Lo anterior implica que los objetivos de participación de la ciudadanía a través de la red no son correspondidos por las instituciones si se tratan exclusivamente por este canal y por lo tanto, el primer obstáculo para ubicar una agenda ciudadana en Internet es la disonancia entre los involucrados.

Como apunta Castells, es necesario modificar los cimientos de la política tradicional en su aproximación con la ciudadanía pero no desde Internet, ya que, sin considerar la viabilidad de lograrlo por este medio exclusivamente, es imperativo que la transformación ocurra en los términos operativos asentados en el momento social, es decir, por medio del re acomodo institucional.

No obstante, los límites de la organización y la comunicación de colectivos en la red jamás habían sido tan amplios, lo que sugiere que los vicios frente al uso de Internet pueden ser superados. Si bien la educación de los actores políticos e institucionales respecto al uso de Internet está progresando (muestra de ello son los programas de campaña que han reavivado las contiendas electorales en países como Estados Unidos), sigue siendo necesario que las virtudes de conectividad de la red global se exploten para incorporar la participación de la mayoría de los interesados en una propuesta bien definida. 

En “Inteligencia colectiva: por una antropología del ciberespacio”, el filosofo Pierre Lévy adelanta las posibilidades de ejercer una democracia directa en tiempo real que hasta las últimas décadas era técnicamente imposible de concretar. Las herramientas que facilita la red, como madre de todas las herramientas digitales, amplían la capacidad de difusión y participación de los ciudadanos conectados y obliga, casi de forma inmediata, las reacciones de las instituciones de gobierno frente a un colectivo que reclama, se organiza y se manifiesta por Internet.

Y si de acoplarse a los modelos institucionales se trata, la versatilidad de la red permite experimentar y lograr resultados como la experiencia del voto vía Internet que se practica en Estonia desde 2005. 

Usando el mecanismo tradicional de la democracia representativa, los ciudadanos ejercieron su poder de voto aprovechando la conectividad e inaugurando una inercia colectiva que ha visto una tendencia favorable de participación por este canal.

A esta visión de un futuro de participación social influenciada por la red se suma también Howard Rheingold al abordar el tema de activismo en línea en su libro “The Virtual Community”. 

Rheingold presenta un escenario provisto de una participación social y una interconectividad tales que den lugar a una sociedad civil global en donde los actores y las propuestas comparten objetivos de transformación comunes y tienen impacto internacional. Organizaciones no gubernamentales como Wikimedia y Oxfam  ya persiguen estos objetivos de impacto global y aprovechan la cultura del Internet en la que participan miembros y asociados para efectuar cambios por los canales tradicionales y por la red.

Observando las limitaciones que acarrea la práctica acotada del uso de Internet por parte de los actores políticos tradicionales y balanceando este obstáculo con las virtudes de inmediatez y disponibilidad informativa que ofrece la red, proyectar un futuro de transformaciones sociales sin Internet se antoja imposible.

Si bien los ejemplos aquí referidos y otros menos populares son señal del papel preponderante de Internet en el proceso de organización colectiva, la participación por la vía institucional fuera de la red sigue siendo parte elemental al momento de instrumentar una acción comunitaria que asiente sus resultados y su presencia frente al poder. Si se trata de algo tan elemental como marchar y manifestarse, Internet facilita la gestión de tales demostraciones y maximiza el efecto que puedan tener de cara a la opinión pública internacional.

Así, es posible confirmar al Internet como el recurso de comunicación con mayor potencial para organizar a la sociedad digital en la persecución de su agenda de transformación institucional, sin dejar del lado que la profundidad de su impacto podrá aumentar en la medida que las vías tradicionales se adapten a la dinámica digital para generar y propiciar el empoderamiento democrático en línea.

Castells, M. Internet y la sociedad red. Recuperado el 18 de septiembre de 2013 de http://www.uoc.edu/web/cat/articles/castells/castellsmain2.html
 
Lévy, P. (2004). Inteligencia colectiva: por una antropología del ciberespacio . Washington D.C: Organización Panamericana de la Salud.
 
Rheingold, H. (1993).The virtual community. Recuperado de http://www.rheingold.com/vc/book/intro.html