Anonimato y memoria en la red: imposible conciliación

Posted on 19 septiembre 2013 por



 

Actualmente muchos debates sobre Internet  ponen de relieve la idea del efecto de Internet sobre la privacidad y sobre la capacidad de control de nuestra vida privada. Así como lo explica Castells en La sociedad red “: “¿Privacidad en Internet? Olvídese de eso. Usted ya ha perdido su privacidad para siempre”. ¿Qué significa eso? Significa que cualquier cosa que hagamos en la red se puede detectar electrónicamente.”

Hoy debemos tomar en cuenta que algunas empresas, redes sociales y  tiendas virtuales  se sirven de la información de los usuarios. Sin embargo, parece  que no estamos libres de culpa, porque a menudo no leemos  las políticas de privacidad  que gobiernan nuestros datos personales.

    Además, Internet tiene una memoria imborrable en el sentido que con el nombre de una persona podemos conocer su presente pero también su pasado. Como lo explica Levy en Cibercultura “Desde los principios de la informática, las memorias evolucionan cada vez más hacia una mayor capacidad degrabación, deminiaturización, de rapidezde acceso y de fiabilidad”. El poder de almacenamiento, tiene consecuencias sobre derechos fundamentales.  Esto plantea el problema de la reflexión  sobre que informaciones queremos mostrar en la era digital, subrayando la importancia de nuevas reglamentos, y  nuevas prácticas como el de leer las políticas de privacidad del red social.

Si Internet es un instrumento  de archivo, es también un operador permanente de memorización ¿Por qué es tan difícil de  conciliar la exigencia de archivo permanente de Web con el respeto del anonimato de los usuarios y la protección de los derechos para la vida privada?

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En primer lugar,  la existencia de una memoria de Internet no va sin plantear problemas políticos, jurídicos y éticos.

Por ejemplo, historiadores puedan tener conocimiento del delito cometido por una persona, buscando los viejos números de un periódico. En efecto, el nombre de la persona se puede encontrar en  un motor de búsqueda, sobre la página de este periódico donde su delito es mencionado. Entonces posiblemente su jefe, sus empleados, sus amigos o su familia pueden encontrar esto. Más precisamente, el autoarchivo de internet induce la constitución de un fichero sobre cada individuo, que puede acabar en unos antecedentes penales públicamente accesible.

Entonces parece que estas  dos necesidades no son compatibles: de un lado el de archivar Internet, y del otro preservar libertad y el anonimato, con las reglas jurídicas protegiendo la propiedad intelectual y su imagen. El Internet nos guarda en memoria, es como si ustedes estuvieran trazados.

Por ejemplo, sobre el sitio francés de Cnil, hay una ilustración de los principales procedimientos de trazado utilizados por las empresas de comercio para el perfilado de sus visitantes. Sabemos que es fácil obtener informaciones sobre la configuración de un usuario y sobre el URL que acaba de visitar utilizando variables definidas en su navegador. De estas aplicaciones más importantes son los famosos ” cookies “, situando sobre el ordenador de un usuario de las informaciones que permitirán más tarde determinar su trayecto en el momento de una sesión y conformar las páginas del sitio en el momento de sus próximas visitas.

Además, si el usuario de su cuenta Gmail o su cuenta Facebook tiene la impresión de que cuando comunica con sus corresponsales el contenido de la comunicación es secreto, en realidad es también compartido con Google o Facebook. A partir del momento en que el contenido de las comunicaciones es almacenado en casa de Google y Facebook. Esto les permite de tratar estos datos con ocasión de marketing dirigido o de perfilado.

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Sin embargo existen unos métodos para defenderse contra este espionaje.  El solo modo de protegerse es repetir el control de sus datos personales. Esto quiere decir de una parte utilizar servicios descentralizados más que los servicios centralizados como los de Google o Facebook. Es conveniente plantearse la cuestión de la centralización de los actores como Google y Facebook.  Es, por ejemplo, la utilización de los software libres que le permiten en cualquier momento guardar el control del ordenador.

Hay también herramientas jurídicas que los poderes públicos podrían poner en las manos de los ciudadanos para controlar sus datos. Es lo que era aplicado por ejemplo  en Bruselas con la elaboración del reglamento que modifica el régimen de la protección de los datos personales. Son reglamentos muy complicados con muchas enmiendas. El fin es de dar a los ciudadanos y a los medios  la posibilidad de controlar sus datos.  Y por ende, impedir que las empresas entreguen los informaciones o las vendan.

Finalmente podemos preguntarnos: ¿Por qué la gente debería inquietarse por estas intrusiones en su vida privada en internet? Algunos jóvenes no han conseguido un trabajo a causa de su perfil Facebook. Nadie puede saber lo que será de nuestros datos dentro de diez años. Y el hecho esta que se construyen – sin ser del todo conscientes  –  especies de pilas de datos que aumentan con el tiempo.  De hecho,  vemos que solo con un ” Like ” en Facebook, logramos demostrar en un  90 % de probalidades la orientación sexual, si somos fumadores o no, si tenemos novio o si estamos divorciados.

Para concluir, parece seguro que  Internet ha mostrado su capacidad de ser muy útil, pero también se inscribe en una revolución global, modificando totalmente nuestra manera de comunicar. Una información pública en Internet está disponible para todos aquellos que acceden a ella, desde cualquier lugar en el mundo, y en poco tiempo una información puede llegar a muchas personas. Por un lado, parece que somos más o menos conscientes de las oportunidades que esto permite.  Pero por otro lado, es evidente que Internet puede ser un arma peligrosa. Por eso, debemos estar siempre alerta para no tener problemas con los archivos del Internet.  Entonces podemos imaginar la colocación de una sociedad digital que trata de proteger los ciudadanos, por ejemplo, con leyes de protección de datos personales y con el acceso a Internet como derecho fundamental. Este derecho permitiría que las empresas digitales se vean obligadas a borrar informaciones si los ciudadanos lo quieran cuando ellos  consideren que alguna información de su pasado lastima va contra su privacidad.

Referencias