¿A qué le temen los periódicos?

Posted on 19 septiembre 2013 por



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Por Francisco Morales

La proclama, de tan utilizada, se ha vuelto un cliché: estamos ante el fin de los periódicos.

A partir de esta frase, partidarios y detractores, convencidos, indecisos y escépticos han hecho de la plaza pública un vertedero de ideas que probablemente provienen de una concepción errónea. ¿En verdad estamos, como ya se ha dicho antes de la propia prensa, de la radio y la televisión, ante una dicotomía inamovible de la existencia-no existencia? A veces, cuando imperan el blanco y el negro, el gris conciliador del gradualismo se vuelve lo más impopular, pero suele ser lo más sensato. Ante todo, debería considerarse la siguiente pregunta: ¿por qué se dice que los periódicos están en peligro? También: ¿Deberían temerle a algo?

El gran otro (y las monedas de siempre)

Aparece el gran otro: Internet; y más aún: el periodismo en Internet. Para muchos, la emergencia de este último supone la desaparición irremediable de los periódicos. Asimismo, para quienes aseguran que el mundo es un lugar demasiado pequeño para ambos, como si se tratara de una riña entre vaqueros, uno de los temas de fondo es esencialmente económico. El argumento parece simple: la información en Internet, además de ser más voluminosa y plural, es gratis; por lo tanto, los escuetos, parciales y caros periódicos no tienen con qué competir.

Los hechos sustentan parcialmente la hipótesis anterior. Basta recordar sucesos recientes para notar que, en efecto, los periódicos atraviesan por una crisis económica importante. Como ejemplos, podemos rescatar el despido de 129 periodistas del diario El País a causa de cortes de presupuesto, las indecisas políticas sobre la apertura de contenido en línea de algunos diarios en su búsqueda por la monetización, las constantes noticias sobre las precarias finanzas de The New York Times y la venta de un Washington Post con severos problemas financieros. Esto, claro, sólo como una pequeña muestra de diarios de referencia que representa una tendencia global.

Aunque también trillado, el contraargumento es igualmente simple: los periódicos le han sobrevivido al periodismo radiofónico, al televisivo y, si la tendencia no se revierte, también lo harán a aquel que se hace en internet. Asimismo, actualmente se ensayan nuevos modelos de monetización de contenido en Internet que, en algún futuro, podrían resultar efectivos. Grandes diarios de referencia y publicaciones exitosas han logrado transportar su contenido, en lo cualitativo y cuantitativo, a la red y al mercado de los smartphones y tablets. Sírvase el lector a consultar cualquiera de las publicaciones de Condé Nast en sus versiones digitales, cuyo gran mérito es haber trasladado complejas y tradicionales revistas como The New Yorker, Vogue y Wired, tanto en su excelencia editorial como en su particular experiencia lectora.

Pareciera que el acento, al menos en la cuestión económica, recae con fuerza en el tradicional periódico de papel y la estructura comercial que le acompaña. Los defensores del periódico de papel, como sucede con el caso de libro, se traban constantemente en debates que eluden la importancia del contenido sobre la forma. Aún con esto, pocos parecen  cuestionar que la literatura y el ensayo académico, con o sin papel, son manifestaciones culturales que no se encuentran en peligro de extinción, aunque sean definitivamente trasladados a sus encarnaciones digitales. Este no parece ser el caso para los periódicos, que siguen viéndose como algo potencialmente obsoleto, en forma y fondo.

Con una duda razonable sobre la inevitabilidad de la debacle económica de los diarios, y con la certeza de que éstos siguen viéndose amenazados aún sin la culminación de dicha crisis, es necesario considerar las causas del miedo que la prensa todavía siente hacia Internet. ¿Cuáles son estas causas?

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Una hidra: cibercultura y convergencia

A decir de numerosos profesionales e intelectuales de la comunicación, Internet presenta un reto a los periódicos, y al periodismo en general, mayor a cualquier otro jamás enfrentado: la democratización de los medios de información a través de fenómenos propios del Internet, las redes de información y la cibercultura.

Para Pierre Lévy, cuyo determinismo tecnológico funciona bien para alumbrar los matices correctos entre las disputas de viejos y nuevos medios, existen implicaciones culturales de gran importancia con el advenimiento de las “tecnologías de información y comunicación con soportes culturales”. Estas implicaciones, como explica en su libro Cibercultura, originalmente concebido como un informe para el Consejo de Europa, atañen no solamente a la dimensión simbólica de la cultura, sino también a la técnica y social. Con lo anterior, Lévy apunta que, a partir del desarrollo y masificación del Internet y el ciberespacio, ha surgido un conjunto de redes, organizadas en sistemas socio-técnico-culturales, que conformaron a lo que hoy denomina cibercultura.

En el mismo texto, Lévy utiliza dicho neologismo para designar al “conjunto de las técnicas (materiales e intelectuales), de las prácticas, de las actitudes, de los modos de pensamiento y de los valores que se desarrollan conjuntamente en el crecimiento del ciberespacio.” Con una definición tan abarcadora, no sorprende que dentro de la cibercultura se hallen inquietudes y manifestaciones de información noticiosa que se enfrentan, por supuesto, con los medios de comunicación tradicionales.

Con la universalización de la cibercultura, las prácticas pasadas de ciertas manifestaciones pertenecientes al pasado comenzarán a diluirse y, posteriormente, a mutar. Junto con ciertas prácticas sociales, políticas, económicas y artísticas, aquellas correspondientes al periodismo, opina Lévy, recibirán una reformación definitiva. Lo anterior resulta más claro cuando se analiza el concepto de convergencia mediática, enunciado por el académico Henry Jenkins.

En su libro Convergence Culture, Jenkins define como convergencia a la “situación en la que coexisten múltiples sistemas mediáticos y en la que los contenidos mediáticos discurren con fluidez a través de ellos”. Dentro de la cibercultura, la convergencia ha transformado la manera en la que la sociedad concibe a los medios de comunicación. Como principales síntomas de la convergencia,  Jenkins destaca el “flujo de contenidos a través de múltiples plataformas mediáticas, la cooperación entre múltiples industrias mediáticas, la búsqueda de nuevas estructuras de financiación mediática que caen en los intersticios entre los viejos y los nuevos medios, y el comportamiento migratorio de las audiencias mediáticas”.

Con lo anterior, el verdadero peligro a los periódicos se ha hecho, por fin, evidente: existe todo un conjunto de redes de comunicación, denominado cibercultura, que privilegia a las multiplataformas mediáticas como recipientes de un flujo de contenidos constante; esto, en esencia, contraviene en todo sentido a la manera en la que un periódico genera, organiza y presenta la información noticiosa. En suma: es presa fácil para la hidra.

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¿Quién salvará a los periódicos? (una opinión)

La tarea no parece sencilla. Ante la inmediatez, la supremacía de las multiplataformas, la obsolescencia del papel y el costo monetario, el periódico se mira como un dinosaurio, lento y torpe, entre cyborgs relucientes. ¿Existe algo que pueda prolongar la vida del periódico como formato, aunque sea únicamente en línea?

Paradójicamente, la punta de lanza de muchos de los principales detractores de los periódicos podría salvar a este medio de la extinción. Como parte de la cibercultura, y en concordancia con la convergencia mediática, la ruptura de la pared entre productores y consumidores de información ha evidenciado, entre otras cosas, la importancia del periodismo profesional.

Si bien es cierto que, montado en ideales de igualdad y libertad informativa, es deseable que los medios de comunicación dejen de ser titanes inauditables que controlan la información noticiosa del planeta, también es necesario recordar que hay aspectos de tratamiento ético, social y político que, las más de las veces, son mejor llevados a cabo por periodistas profesionales.

Mientras el periódico subsista como un medio informativo analítico, reflexivo y, en primer término, con una ética impecable, la parsimonia de su entrega informativa y la selección cuidadosa de su contenido (el famoso mosaico de la realidad social) podrá subsistir en cualquier medio necesario, aunque se pierda el papel.

En palabras de Josep Ramoneda: “El futuro es incierto. La única certeza es que al periodismo sólo lo salvarán los periodistas, pero los de verdad”. A esto, yo agrego: los periodistas de verdad, en gran medida, se forman en los periódicos.

SupermanReferencias:

Jenkins, Herny (2006). Convergence Culutre, la cultura de la convergencia de los medios de comunicación. España, Editorial Paidós. Recuperado el 19 de septiembre del 2013 de http://es.scribd.com/doc/67465529/Jenkins-Henry-Convergence-Culture

Lévy, Pierre (2007). Cibercultura, Informe al consejo de Europa. España, Editorial Anthropos, Recuerado el 18 de septiembre del 2013 dehttp://www.academia.edu/1738997/Ciberculturas._la_cultura_en_la_sociedad_digital