¿Los usuarios somos culpables de regalar los datos personales?

Posted on 18 septiembre 2013 por



Por Claudia Orlando.-

Internet, y especialmente las redes sociales, son hoy una importante fuente de datos donde encontramos información personal y documentos sobre la vida real de las personas que hacen uso de ellas. Regalamos la información al rellenar áreas –prescindibles y no obligatorias para su registro- como el estado civil o la ciudad de residencia. Este tipo de datos que concedemos sobre nuestra vida privada, se exponen de manera fluida y sin conciencia por el universo internet sin percatarnos sobre las posibles consecuencias. Tanto es así, que ponemos al alcance de cualquiera datos que no hace mucho tiempo evitábamos dar con tanta facilidad.

Hace unos años, cuando redes sociales como los chats online y Messenger eran lo último, bastaba con introducir únicamente el e-mail; con la aparición de redes sociales más actuales como Facebook, Twitter,…el registro es un poco más específico y piden más datos. Así mismo, con la innovación y múltiples actualizaciones de éstas la posibilidad de exponer en dichas plataformas más referencias personales ha ido en aumento y ahora podemos encontrar campos a rellenar cómo: Dónde estudiaste durante tu infancia, dónde trabajas, cuáles son tus gustos musicales, y una innumerable posibilidad para la exhibición personal.

Sin embargo, parece que no hay límites en cuanto a exposición de datos personales se refiere tras la aparición de los móviles última generación –Iphone, Android,…- así cómo el posterior surgimiento de la geolocalización en éstos dispositivos. Este fenómeno de tener un “pequeño ordenador” en tus manos ofrece a los usuarios la posibilidad de mostrar en la red social el punto geográfico exacto en el que se encuentran –si ellos los permiten- gracias a la tecnología GPS que incluyen estos celulares.

Geolocalizacion

Otro tema es el de las aplicaciones que tienen como fin obtener información de nuestro perfil de forma leve para después expandirse a nuestra lista de contactos, que al aceptar la instalación estamos permitiendo. Es por ello que muchos profesionales recomiendan tener más cuidado con los permisos que concedemos y la información que otorgamos. De hecho, una investigadora especializada en internet y cultura digital –María Elena Meneses– reconoce que “las innovaciones no siempre son utilizadas para lo que son creadas”.

 Con la revolución de internet muchos son los profesionales y especialistas que estudian los medios, la cultura digital, las personas; se han escrito libros sobre el comportamiento del hombre y las redes, se han creado empresas, plataformas e infinidad de aspectos novedosos en diferentes ámbitos. Es por ello que estos profesionales desde hace tiempo lleven discutiendo sobre las posibles repercusiones y consecuencias del mundo Internet en la vida de las personas.

Sin embargo, si para quienes se dedican al estudio de los fenómenos de la era digital ya es difícil entenderlo, mucho más complicado resulta para el ciudadano común. De hecho, no había una conciencia social tan desplegada como en este momento hasta que el ex agente de la CIA Edward Snowden reveló la red de espionaje del gobierno de Estados Unidos –con la supuesta colaboración de empresas de la economía digital-. Esto convierte a la tecnología en el medio de espionaje por excelencia.

Es un hecho que la tecnología ocupa un lugar privilegiado en nuestra vida diaria y que concedemos en cada momento una parte de nuestra privacidad. Y ya no solo por emplear redes sociales, también cuando hacemos un pago con tarjeta de crédito, damos nuestro email a cualquier empresa para recibir información o guardamos información relevante en la “nube” dejamos nuestra huella digital. Sino, vean esta acción hecha en Bruselas para mantener alerta al usuario sobre la información que proporciona:

Es en estos casos cuando vemos que el derecho a la privacidad es vulnerado por la revolución digital. Por un lado los gobiernos, ante tanta información, es imposible que no caigan en la tentación de utilizar todos los datos que obtienen solo para atrapar criminales, y los empleen también para otros usos. Por otro lado están las empresas, que dudo, desperdicien la oportunidad de vender –por una cuantiosa recompensa- a anunciantes sus bases de datos. De ahí que la investigadora especializada en internet y cultura digital –María Elena Meneses- pregunte: ¿Quién espía a quién? Dando a entender que aún no sabemos si son el gobierno o las empresas quienes nos observan y merodean, y que tenemos el derecho a saber quién nos espía, cómo y para qué.

Existe la denominada –fatiga Facebook- cuando los usuarios aburridos, abandonan su perfil. No obstante, y con miras a la cima, Facebook –que cuenta con una de las bases de datos más segmentadas del mundo, y por tanto más atractivas- está perfeccionando un proyecto llamado: Graph Search. Se trata de un buscador interno –entre los usuarios de Facebook– que pretende filtrar todos los contenidos publicados por los usuarios siempre y cuando se hayan configurado como “públicos”. No por ello menos importante, teniendo en cuenta que si Facebook fuera país sería uno de los más poblados del planeta después de India y China, declara la experta Maria Elena Meneses.

Facebook en el mundo

Sin ir demasiado lejos, en mayo de 2011 un hacker penetró las bases de datos de Play Station de Sony que tiene 77 millones de suscriptores a nivel mundial y accedió a nombres, contraseñas, historial de consumo e información de tarjetas de crédito que podrían llegar al mercado negro de datos, por los que se pagan millonarias sumas. La respuesta de la compañía fue casi imaginaria.

Por otro lado, en su momento, Steve Jobs dio la cara por Apple después de que investigadores ccomo Pete Warden y Alasdair Allen dieran a conocer que el Iphone y el Ipad obtienen datos de geolocalización de personas y los almacena con fines desconocidos. Pese a la negación de la compañía, la opinión pública quedó insatisfecha y con la duda.

Continuando con ejemplos, una de las discusiones sobre la privacidad y las empresas tecnológicas las generó Google en 2010 con su servicio Street View, que sin permiso previo decidió sacarle fotos a las calles de las principales ciudades del mundo, y hasta de las casas, porque así lo quiso.

Viñeta de Google "el ojo que todo lo ve".

De este modo vemos que esta sociedad contemporánea de la revolución tecnológica disuelve la privacidad y desarrolla la vigilancia frente a un gobierno inepto de encontrar técnicas idóneas para compaginar el derecho a la privacidad, el libre mercado y la seguridad.

 Está claro por tanto que ponemos al alcance de cualquier –porque no sabemos quién está detrás- datos que hasta hace no mucho tiempo evitábamos dar con tanta facilidad. Teniendo en cuenta todos estos datos, las empresas tecnológicas que dicen ser transparentes en sus acciones deberían predicar con el ejemplo y hacernos saber sí colaboran o no con programas de espionaje que nos atañen a los usuarios. Es lo menos que podemos exigir como ciudadanos internautas.

En el caso de las aplicaciones e innovaciones como la geolocalización debemos tener en cuenta que si no queremos ser localizados debemos controlar con quién compartimos tal cantidad de información y si es preciso publicar nuestra localización en todo momento.

En cuanto al nuevo buscador que está potenciando Facebook debemos ser consciente de lo que ello supone ya que se podrá buscar desde “Tiendas de segunda mano en Coyoacán” hasta “mujeres morena de 15 años que les guste bailar”. Aunque las redes sociales son grandes negocios a expensas de nuestros datos y rutas de navegación, todos mostramos algo de nosotros cuando apretamos el botón de “me gusta” en Facebook o retuiteamos un contenido en Twitter, así que en cierto modo resulta casi imposible estar en la red y no ser observado.

 El costo de esta innovación son los datos personales que nosotros mismos proporcionamos, sin el menor cuidado ni conocimiento de las consecuencias. Y si la capacidad de búsqueda va a ser tan precisa, es ventajoso saber cómo prevenir que nos encuentren. Es por ello, que frente a la poca garantía de los Estados y de las empresas, es conveniente educarnos en el manejo y resguardo de nuestros datos, ya que vivimos en una sociedad hipervigilada, y no somos conscientes del alcance o límites del manejo de la información.

 Considero que las empresas tecnológicas como buscadores y redes sociales no han tenido ni un ápice de respeto por la información de los usuarios, quienes sabemos poco o nada de lo que sucede con ella. Sin embargo, parte –aunque mínima- de la culpa reside en no leer los términos sobre el manejo de nuestros datos personales y que fácilmente aceptamos.

 Esto dar lugar a que planteemos un nuevo contrato social digital que implique nuevas normas, así como también nuevos métodos para fomentar la responsabilidad de leer estas políticas de privacidad y prevenir –en cierta forma- que el Estado o las empresas obtengan más información de la debida.

 No dudo, que este tema que apenas comienza a introducirse –lentamente- en la mente de los usuarios, será uno de los asuntos más dominante en los próximos años cuando la innovación vaya más allá – Google Glass– y comprometan aún más nuestra privacidad.

BIBLIOGRAFÍA: