La virtualidad de lo virtual

Posted on 18 septiembre 2013 por



Por José Luis Martínez Limón

Mucho se habla de la realidad virtual, de su naturaleza, sus efectos, posibilidades, riesgos, etcétera. Cada vez más actividades cotidianas pasan del plano físico al digital, desde ir al banco hasta ordenar el supermercado por internet; los gobiernos incluso buscan avanzar hacia una e-democracy que trasladaría mucha de la burocracia a un plano digital más eficaz, amable y accesible para los ciudadanos. Sin embargo en este ensayo nos detendremos solo en un punto de la realidad virtual digital: su naturaleza. Las preguntas que genera la realidad virtual nos remontan a la virtualidad misma de nuestra sociedad física, y muestra un patrón de comportamientos similar a esta.

Empecemos refiriendo al borrego de oro al que hace referencia Pierre Lévy al hablar de lo digital o la virtualización de la información. El borrego al que hace referencia es una obra de Jeffrey Shaw, en la que el borrego virtual de un pedestal vació solo es posible de apreciar con una pantalla. En palabras del autor, “La relación con el ídolo se convierte en acto por el dispositivo mismo de la instalación puesto que el becerro de oro no aparece más que gracias a la actividad del visitante” (Lévy, 2007, pp. 32).

En este ejemplo se ve que la realidad presentada no existe si no hay un acuerdo. Primero el espectador debe querer ser parte de la exposición, de lo contrario no verá ningún borrego. El borrego está ahí solamente gracias a la interferencia de alguien que hizo un conjunto de códigos a través de los cuales se percibe esa realidad.

En el caso de la digitalización de la información se entiende que toda la realidad es transformada en un código binario que posteriormente es interpretado en diferentes lugares por aquellos que acuerdan formar parte de la sociedad digital. Mucho antes de la digitalización, el hombre pasó por un proceso similar de una codificación de significados que las personas tienen que entender y adoptar si quieren ser parte de una sociedad (en este caso física) y vivir en una realidad similar. Al igual que en la realidad digital, el código es invisible para todos aquellos que no miran de cerca. Y del mismo modo, el código es visible para aquellos que lo estudian y lo construyen, en el primer caso los programadores, en el segundo los políticos.

Esta ilusión de que el mundo está formado por reglas inherentes ya ha sido estudiado por sociólogos como Jean Baudrillard, quien en su libro de Cultura y Simulacro compara la simulación de la realidad con la simulación de la simulación “Disneylandia es presentada como imaginaria con la finalidad de hacer creer que el resto es real, mientras que cuanto la rodea, Los Ángeles, América entera, no es ya real, sino perteneciente al orden de lo hiperreal y de la simulación” (Baudrillard, 1978, pp. 26). En el caso del mundo digital, éste sería la virtualización del simulacro físico de nuestra realidad.

Inclusive se puede ver el mismo patrón de comportamiento en el mundo digital que en el mundo real. Por ejemplo, Lévy explica en su libro La Inteligencia Colectiva la manera en la que se formó la idea de lo justo y lo injusto. Estas ideas se formaron de acuerdo con lo que era mejor para la sociedad y para la evolución como conjunto, de modo que se hicieron reglas para preservar los valores que se consideraban positivos para la humanidad. Asimismo podemos ver que en el mundo digital se cuenta con reglas similares, pero no siempre fue así. Por ejemplo, en un artículo del 2009, Luis Ignacio Sierra menciona que en la actualidad, muchas internautas aún creen que el ciberespacio está libre de todas reglas éticas, y sin embargo menciona que: “En la perspectiva internacional de los desarrollos recientes en la ética de la información se confirma la vigencia de la propuesta de una teoría ética global emergente, determinada por la premisa básica de obtener un sentido de la totalidad de la experiencia humana”. De este modo vemos que al ser una sociedad relativamente nueva, se encuentra en una etapa de formación de valores y de una ética, y al igual que en el mundo físico, los valores que se considerarán como buenos, serán aquellos que permitan el desarrollo y a cooperación humana, en su máxima expresión.

Del mismo modo, en su lectura de los mundos virtuales Lévy menciona que la virtualidad del mundo económico (es decir dar un valor simbólico representativo a objetos manejables) expone su vacío de realidad y la importancia de un consenso al encontrarse este en el mundo digital. Las transacciones digitales bancarias no necesitan ningún referente físico como oro o monedas, sino que se basan en códigos y reglas aceptadas en este espacio. Son estos códigos los que forman la realidad económica: otra virtualización de lo virtual.

Incluso se ven las mismas maneras de incorporar a las nuevas generaciones a este conjunto de códigos del cual hay que formar parte. Ya en 1957 Roland Barthes mencionó en su ensayo sobre los juguetes la manera en la que se usaban estos para moldear a los niños de acuerdo con los valores que la sociedad buscaba perpetuar. En este se explica que los niños juegan con modelos pequeños de actividades realizadas en el mundo capitalista: por ejemplo, jugar con automóviles, al doctor, policías y ladrones, a la mamá, etcétera. Ahora vemos ese mismo modo de inclusión en el mundo digital. Vemos niños de apenas unos años manejando un iPad mejor que sus padres. Y los juegos a los que se puede acceder en internet usan los mismos patrones que aplicaciones bancarias, gubernamentales, etcétera: un portal digital, un registro con nombre y edad, interacción en vivo con otros usuarios, y hasta el pago por servicios de mejor calidad. Así, se puede ver que se están formando niños listos para una sociedad digital desde ahora.

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Sin embargo, la realidad digital no es necesariamente una sociedad que siga todos los pasos de la sociedad física. La sociedad digital cuenta con herramientas que permiten interacciones entre los miembros como no se habían dado antes. Por ejemplo, la capacidad de comunicarse con varias personas al mismo tiempo así como la fácil canalización de información que sea de interés para una población en específico permite que esta se organice sin la necesidad de actores mayores como el estado o alguna organización. El prescindir de un intermediario como serían los grandes corporativos mediáticos permite una discusión más abierta en la que más puntos de vista son escuchados. Asimismo, como lo menciona Butler en su artículo Mapping the Variety of Public Spheres, se comenzaron a formar diferentes esferas de opinión pública en lugar de catalogarla como una sola. Esto es debido a que habitantes de un lugar se comunican entre sí y plantean sus problemas y sus soluciones a través de portales de internet, lo que les permite llegar a acuerdos y una organización sin necesidad de un líder o intermediario.

Del mismo modo hemos sido testigos de la importancia de las redes en los movimientos de la primavera árabe. Así que aunque se observe que la realidad virtual digital sigue los mismos patrones que la realidad virtual física en la que vivimos, no significa que deba seguir así. Al contrario, es alentador pensar en las nuevas posibilidades que ofrece la sociedad digital para la comunicación y organización entre ciudadanos sin necesidad de un intermediario o un organizador. Es momento de que la sociedad rescate la ética de la creación y desarrollo de la humanidad, o lo que Lévy denomina inteligencia colectiva, y se relacione con sus similares para explotar el potencial humano y no seguir patrones determinados de conducta.

Referencias:

Barthes, R. (1980) Mitologías. México: Editorial Siglo XXI

Baudrillard, J. (1978) Cultura y Simulacro. Barcelona: Kariós.

Butler, E. (2011) Mapping the Variety of Public Spheres.  Communication Theory, 21(2).

Información de Jeffrey Shaw: http://www.icinema.unsw.edu.au/people/

Lévy, P. (2007) Cibercultura. Informe al consejo de Europa. Barcelona: Anthropos.

Lévy, P. (2004) La Inteligencia Colectiva. Por una Antropología del ciberespacio. Universidad de la Habana.

Sierra, L. (2009) Alcances de una Ética en el Ciberespacio o el “giro” hacia una “ética floreciente”. Signo y Pensamiento Vol. 8 No. 55. Bogotá: Pontifica Universidad Javeriana