¿Qué fue primero, las telenovelas o la cultura mexicana?

Posted on 13 septiembre 2012 por



Thalía“Marimar” se ha convertido en un emblema de México desde su creación y transmisión por televisión. ¿Quién podrá olvidar a Thalía protagonizando al perfecto estereotipo de la mujer mexicana? Humilde y enamorada de un hombre de clase social alta, es como este personaje marca una pauta cultural para nuestro país. Pero, ¿será que aquel estereotipo ya existía o se formó a partir de esta telenovela?

Las primeras telenovelas creadas estaban basadas en la cultura de aquel momento, como lo fue “Senda Prohibida” realizada y transmitida en 1957 (Gómez, 2006), pero con el paso del tiempo no evolucionaron junto con nuestra transformación cultural. Es decir, que partiendo desde el punto que las telenovelas tienen como target principal a los integrantes de una “típica familia mexicana”, comprendamos a esta como miembros de una clase social C, D+ (Romo, 2009), motivaron a la conservación de una cultura machista o retrógrada. Por ejemplo, una persona de una clase social A/B no va a sentir la empatía con un personaje de telenovela pues su cultura se ha transformado; mientras que una persona de una clase social baja se podrá sentir mucho más identificado con un personaje de telenovela pues forma parte de su identidad actual. A partir del crecimiento cultural de nuestra sociedad las telenovelas, que se quedaron en los años 60, marcaron un registro conductual específico para las clases sociales medias y bajas.

El Dr. Guillermo Orozco Gómez, catedrático en la Universidad de Guadalajara afirma que la telenovela en México ha constituido uno de los espacios de recreación cultural por excelencia dentro de nuestro país (Gómez, 2006).  No obstante, bien sabemos que las telenovelas no se han creado como programas educativos, sino de mero entretenimiento; pero debemos tener en cuenta el peso cultural que éstas han tenido sobre los mexicanos. “La telenovela es parte de la vida social y la vida cotidiana, es afectada y afecta, forma parte movimientos de composición social más globales, tiene su especificidad y lugar en la escena de la trama y la urdimbre en las relaciones sociales” (Galindo). Las telenovelas han marcado un modelo de influencia en nuestra sociedad y es factible pensar que esto ha ido más allá de la mera influencia hasta el punto de marcar un bagaje cultural mexicano.

Recordemos a la primera actriz, Silvia Derbez, personificando a aquella pobre pueblerina que fue a buscar suerte en la ciudad. ¿A qué nos suena? En los años 50 la sociedad global se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial y la industria estaba en auge. Las fábricas y las ciudades necesitaban trabajadores y fue del campo de donde se empezaron a cubrir estas necesidades. Las personas se desplazaban del campo a las ciudades en busca de dinero y una mejor vida. Así fue como Nora (Silvia Derbez) encontró la dicha en un hombre citadino de clase alta. ¿Cuántas veces hemos visto este mismo fenómeno en telenovelas de la actualidad?

Tal vez podemos dejar a un lado la parte de la migración del campo a la ciudad, pero la historia de una mujer pobre que se enamora de un tipo rico es ya un estándar en las telenovelas de nuestro país. La lucha y dicha entre clases sociales ha sido una proposición y una guía de acción (Galindo) por parte de las telenovelas para la sociedad mexicana.

Bárbara Mori

Tan es así, que numerosas telenovelas de la historia mexicana han compartido esta narrativa. Por ejemplo “Marimar”, telenovela que ya habíamos mencionado antes o “Simplemente María”, que a la par de “Senda Prohibida” narran la historia de una muchachita pueblerina, muy humilde, que parte a la ciudad en busca de fortuna. También está el caso de “Rubí” que, bajo la personificación de Bárbara Mori, Rubí, una joven estudiante que vive en una vecindad muy pobre se obsesiona con el dinero y utiliza su belleza física para conseguirlo. “Teresa” telenovela transmitida en 1959 casi al mismo tiempo que “Senda Prohibida” tocaba exactamente el mismo tema donde Teresa, una muchacha humilde enamora a un abogado de clase social alta. Además de tener a la misma serie de personajes, esta telenovela tuvo un remake apenas hace unos años, en el 2010, así como también “Senda Prohibida” en el 79 bajo el nombre de “Amor Prohibido”. Entonces, ¿por qué será que estas telenovelas tienen el mismo éxito ahora que hace 50 años?  Si las telenovelas son un reflejo de la sociedad así como un complemento de su cultura (Gómez, 2006) quiere decir que seguimos comportándonos de la misma manera.

Ahora, cabe destacar que no todas las telenovelas en nuestro país tienen exactamente los mismos personajes y narrativa; pero sí siguen cierta pauta para tener éxito. Ésta se basa en el predominio de los papeles protagónicos de mujeres de una clase social baja en comparación con el predominio de protagonistas hombres de clase social alta. Así, las telenovelas mexicanas muestran una visión parcial de la vida diaria donde se justifica el dominio de la clase alta sobre las demás clases sociales, principalmente donde el hombre tiene el mando. Se subestima a la mujer por su papel desempeñado tanto en su campo profesional como en sus roles de la vida diaria (Ulloa & López Islas, 1999). Sabemos que esto no es una situación nueva para nuestro país, ha sucedido desde tiempos de la Independencia o antes y en aquellos tiempos no existían los medios para producir y transmitir una telenovela.

Retomando el punto de las telenovelas como medio educativo, debemos mencionar que aunque su objetivo no sea ese, mucha gente no lo asimila como tal. Es decir, la televisión mexicana es una propuesta de contenidos pero también debemos de tomar en cuenta sus efectos sobre la audiencia (Aguaded, 1999). Muchas personas no ven a la televisión como un mundo imaginario separado de la realidad como lo diría Jesús Galindo, sino que forma parte de su realidad. “Hoy en día la televisión ocupa el lugar central en el diseño del hogar. Es punto de referencia obligado en la organización de la vida familiar. Está siempre disponible, ofrece su compañía a todas las horas del día y de la noche” (Gómez F. H., 2006). Es obvio que de alguna forma esto tiene que influir en la educación de la familia y esto sucede a través de la identificación con los personajes de la historia.

Podemos considerar también el papel que tienen ciertas personas en influir en la opinión pública a través de los medios tal como lo dice la “Teoría de los dos pasos”. Tengamos en cuenta que la televisión es un medio masivo de comunicación donde aquellos que aparecen en la pantalla chica son considerados “líderes de la información”. Ellos, que en este caso son nuestros actores de telenovela, reciben cierta información que transmiten a una audiencia. Los líderes influyen para conseguir que la gente cambie sus actitudes y comportamientos a través de la empatía, en este caso. Además, “de acuerdo con la teoría del aprendizaje social, existe el aprendizaje por observación dentro de las cuales existe una clase donde el observador imita la conducta del modelo. Los modelos no necesitan ser personas de verdad. También se utilizan personajes ficticios o imágenes estereotipadas como modelos y tratan de comportarse como se imaginan que el modelo se comportaría” (Serrano, 2005).

A partir de esto, la sociedad busca identificarse con los personajes de telenovela y éstos se crearon a partir de la identificación con la sociedad. Es decir que se forma un ciclo donde las telenovelas fueron un reflejo de la sociedad, para que así las personas se pudieran ver reflejadas en sus personajes y adoptaran las costumbres y actividades de los personajes de telenovela. Pensemos que este ciclo comenzó en 1957 con “Senda Prohibida” y se ha ido repitiendo a partir de los años hasta la actualidad con “Teresa” por ejemplo, que sigue siendo exitosa y mantiene la narrativa y personajes que las telenovelas de hace 50 años.

El éxito de las telenovelas está basado en la identificación de la cultura mexicana con sus personajes e historias que surgieron a partir de los años 50 y que se han conservado hasta ahora. Las telenovelas mexicanas son un símbolo de nuestra cultura así como también forman parte de nuestra vida cotidiana pues son un reflejo de ésta.  No importa cuánto haya cambiado nuestra forma de ver las cosas, es un hecho que la cultura está basada en tradición y en historia. Nuestras telenovelas son un reflejo de la sociedad de hace muchos años y la sociedad mexicana de aquel tiempo adoptó aquella cultura marcando un registro conductual para la sociedad actual.

Referencias:

Aguaded, J. I. (1999). Convivir con la televisión.

Galindo, J. (s.f.). Lo cotidiano y lo social. La telenovela como texto y pretexto. . Recuperado el 11 de septiembre de 2012, de Culturas contemporáneas: http://www.culturascontemporaneas.com/contenidos/lo_cotidiano_y_lo_social.pdf

Gómez, F. H. (2006). Televisión, publicidad y educación.

Gómez, G. O. (2006). La telenovela en mexico: ¿de una expresión cultural a un simple producto para la mercadotecnia? Guadalajara: Departamento de Estudios de la Comunicación Social. Univesidad de Guadalajara. .

González, J. A. (1988). A partir del crecimiento cultural de nuestra sociedad las telenovelas, que se quedaron en los años 60, marcaron una registro conductual específico para las clases sociales medias y bajas. Colima, México.

Romo, H. L. (Noviembre de 2009). Los Niveles Socioeconómicos y la distribución del gasto. Recuperado el 11 de Septiembre de 2011, de AMAI: http://www.amai.org/NSE/NivelSocioeconomicoAMAI.pdf

Serrano, E. M. (Mayo de 2005). Televisión y educación. México.

Singhal, A., Rogers, E. M., & Brown, W. J. (1993). Harnessing the potential of entertainment-education telenovelas. Suiza.

Tufte, T. (Mayo de 2003). Telenovelas, Culture and Social Change. Barcelona, España.

Ulloa, C. Q., & López Islas, J. (1999). Estereotipos de la mujer en las telenovelas mexicanas. Dialnet , 245-270.