Los medios y la libertad de expresión en México

Posted on 13 septiembre 2012 por



“Una sociedad que no está bien informada, no es plenamente libre”. (Opinión Consultiva 5-85, Corte Interamericana de Derechos Humanos).

En estos tiempos en los que los medios bombardean al espectador con todo tipo de información, los individuos han tenido que aprender a separar la información que puede serle útil y posteriormente generar una retroalimentación, tanto de pensamiento como de acciones. Los nuevos medios como el internet van a la alza en alcance hacia sus receptores mientras que medios más “tradicionales” como la televisión, siguen dominando en países como el nuestro. En México, 95% de los hogares cuentan con una televisión, la falta de recursos económicos hace de ésta el principal informador del exterior para el televidente sentado en casa. Y aunque en su mayoría son jóvenes, los medios han aprendido a no discriminar rangos ni características específicas. Su alcance es cada vez mayor. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Prácticas y Consumo Culturales levantada por el Conaculta en 2003, “(la televisión) resalta la gran presencia cotidiana de las industrias culturales, y en particular de los medios masivos de comunicación, en todos los ámbitos sociales y territoriales”. En este caso, hay que resaltar que las industrias mostradas en esos ámbitos se resumen a los contenidos limitados y delimitados por el gran monopolio de la nación.

México posee (¿o está poseído por…?) una empresa monopólica, una gigante que lo domina y tiene atado de pies y manos. Los contenidos televisivos están regulados mayormente por Televisa, haciendo de ésta la principal controladora de contenidos. Las opiniones públicas y particulares se encuentran restringidas de un modo disfrazado para sus habitantes. No solo no pueden expresarse libremente sino que, un ciudadano mexicano promedio no cuenta con los medios adecuados ni suficientes para hacerlo y argumentarlo. Televisa, quién ha educado a México es EL conglomerado de los medios de comunicación; domina las telecomunicaciones en México y cuenta con televisión, radio, medios impresos, marcas, negocios, etc. Los medios de comunicación (para lo que inicialmente fueron creados) ya no solo comunican o informan. Los medios buscan ser vehículos de dominación además de crear una visión unificada para el pueblo en general. Los medios han llegado a crear también una monopolización del conocimiento y la realidad y consecuentemente de los individuos como ciudadanos y personas que se rigen por lo que ven, leen y/o escuchan; ya no por lo que piensan por sí mismos. Si se quiere libertad de expresión, también debería contarse con libertad de contenidos; es decir, el público debería tener mejores opciones a la hora de consultar la televisión o la radio. El derecho a la información va de la mano con la libertad de expresión. La libertad de opinión es el antecedente de la expresión siendo antes, la única forma de difundir nuestras opiniones de persona a persona.

La Declaración Universal de Derechos Humanos en su artículo 19 manifiesta que: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, el de difundirlas sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.” Esta puede comenzar como un derecho individual pero al mismo tiempo se convierte en uno colectivo ya que cada persona puede expresarse como desee y al mismo tiempo pueden hacerlo como grupos, sin dejar de lado los mismos beneficios y responsabilidades para todos.

El sentido de lo público se contrapone a lo oculto

Los inicios de las publicaciones, traen consigo la expresión abierta y no privada de lo que las personas piensan como individuos. Por el contrario, si hacemos algo privado, y siguiendo éste mismo principio, asimismo que se desea “ocultar” o dejar a la vista de pocos. Cuando escogemos publicar algo estamos otorgando al público la posibilidad de conocer lo que deseamos que ellos conozcan. Es aquí donde los medios encuentran su razón de ser y una justificación que se vuelve un poco irrefutable. Ellos contribuyen principalmente en el ejercicio de la libertad de expresión, haciendo posible que cada individuo tenga un punto de vista que expresar.

El caso mexicano

Movimiento #YoSoy132, un ejemplo de la búsqueda de libertad de expresión y de contenidos de los medios.

En teoría, los medios deberían estar abiertos a expresar y transmitir contenidos diversos. Así, estos se vuelven instrumentos de libertad y no medios de restricción. El problema de la monopolización en México, otorga a dicha empresa la posibilidad de manejar los medios como se le antoje. Sus vínculos con empresarios y políticos tienen una fuerte influencia en los contenidos y la transmisión de medios en la televisora misma y en su competencia.  El problema de la transparencia también se hace presente de modo que aunque todos los mexicanos sepamos que es obvio, Televisa no demuestra ni afirma abiertamente sus apoyos, vínculos y alianzas con ciertos políticos, partidos o empresarios. Lo que conocemos es porque es obvio. De éste modo, la televisora influye fuertemente en la mente del mexicano, en lo que está bien y lo que está mal, incluso en lo que debe consumir o en el peor de los casos, por quién debe votar.

La alianza con el gobierno, vuelve a México un país fácilmente gobernable ya que sus contenidos lo encaminan a eso.

“esto no es más que un comentario personal, profesional y periodístico que comparto con mi auditorio…” (Carmen Aristegui)

Este medio “público” del mismo modo restringe a la competencia (si es que se le puede llamar así) ya que al cobrar por todo, quien no tiene cómo costearlo, simplemente no tiene un espacio de expresión. La libertad deja de ser un derecho y se vuelve un producto comercializable frente a nosotros mismos, negando cualquier posibilidad de nosotros (clientes mortales) de adquirirlo.

Tweet de Enrique Peña nieto durante su campaña política

“Una sociedad verdaderamente democrática es aquella que respeta, promueve y protege los derechos humanos. A mayor democracia, mayor goce de los derechos.”

La libertad de expresión abarca desde poder decir mi opinión, tener acceso a información, poder recibirla, difundirla y no tener limitaciones para hacerlo por cualquier medio. Cuando los estados son incapaces de resolver los ataques a la libertad de expresión, están participando también en una afectación directa a la democracia. México tiene el gran reto de reforzar el uso de esta en todos sus ámbitos y no solo en el político.

Un ejemplo importante es cuando los periodistas quieren informar sobre los acontecimientos de nuestro país. Asumiendo que el periodismo del que hablamos es sólido, profesional y ejercido de manera ética, estos llegan a expresar una realidad diferente a la creada por la masificación televisiva. Los medios no solo muestran la realidad sin filtros, sino que también tiene la posibilidad (en sus manos) de crear una realidad para nosotros que ellos esperan que creamos. Específicamente podemos recordar el caso de Televisa y The Guardian en el que se declaraba la venta de información al periódico para que apoyara a Peña Nieto en su campaña.

Personalmente creo que la información que se nos imparte en los medios debería estar sustentada sólidamente y no preocuparse tanto por lo que se vende o no. La información no debería ser comercializable ya que todos como ciudadanos tenemos derecho a ella y al momento en el que se nos vende, se atenta directamente al derecho a la libertad de expresión.

En México, es común escuchar las agresiones que se les hacen a periodistas ya que se ha ocupado este mismo como medio de “denuncia” para actos ilícitos en nuestro país. Ya no solo se les calla, sino que se atenta directamente contra ellos haciendo uso de violencia, amenazas y ataques que no son coincidencia. Ese silencio que lleva implícito el miedo, no solo atenta contra la libertad de expresión, sino que es el paso visible de la afectación directa a la sociedad manipulada y oprimida por gigantes que tienen el control de absolutamente todo. Así, perdemos la conciencia del inicio de un círculo vicioso en el que la desinformación parece el camino que tomamos (o que nos es obligado a tomar) al final.

El estado, al formar parte de la manipulación de medios, muestra incapacidad al resolver los ataques que se hacen a los periodistas, muestra un desinterés por la mejora de la calidad de la información y sus medios, muestra también un retroceso de la cultura informativa y la devaluación del trabajo del periodista mismo ¿o es falta de voluntad?

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